HISTORIA DE LOS JUEGOS OLIMPICOS
Cápsula 494 del 28 de Enero de 2012
Investigación y Guión: Conti González Báez
La primera edición de los Juegos Olímpicos de la Antigüedad fue realizada en Grecia en el año 776 antes de Nuestra Era. Según la mitología, su fundador fue Pelops. Estaban dedicados a los dioses del Olimpo y se llevaban a cabo en la ciudad de Olimpia, famosa por sus magníficos templos de Zeus y Hera.
Además, servían para celebrar la paz, aunque fuera momentánea. Las pruebas se disputaban en una semana, pero las guerras se suspendían por un mes, para que los atletas pudieran prepararse de forma adecuada. Esta suspensión era la “Tregua Olímpica”.
Los juegos eran disputados cada cuatro años. Ese intervalo de tiempo era llamado olimpiada, por lo que es incorrecto decir “olimpiadas” al referirnos a los Juegos Olímpicos.
El antiguo estadio de Olimpia podía acomodar a más de 40,000 espectadores y a su alrededor había diversas instalaciones para el entrenamiento de los deportistas y el hospedaje de los jueces.
Debido al trasfondo religioso, los atletas griegos tenían que cumplir con rígidos reglamentos durante la competencia. Debían ser necesariamente ciudadanos libres, por lo que no había permiso para mujeres, esclavos o extranjeros. Otras reglas eran tener la moral limpia, cumplir un período de concentración, no matar al adversario y no corromper los jueces.
Las principales competencias eran las carreras de diferentes distancias. Los atletas corrían inicialmente con un taparrabos y posteriormente desnudos, excepto en la carrera con armadura, en la que llevaban escudo, casco y hombreras.
Un flautista acompañaba ciertos momentos de las competencias de salto, lanzamiento de disco y lanzamiento de jabalina, que se calificaba tanto por distancia como por exactitud.
Las luchas eran muy populares y terminaban hasta que uno de los competidores admitía la derrota. El pugilato fue fundado por el dios Apolo y se considera un antecedente del boxeo, pero más violento. Las manos de los luchadores se cubrían con tiras de cuero y pedazos de metal, lo que a menudo desfiguraba el rostro de sus oponentes.
El pancracio, fundado por Teseo cuando derrotó al feroz Minotauro en el laberinto, mezclaba los dos estilos, pero era mucho más brutal y atraía a la mayor parte de los espectadores.
También había pruebas hípicas en el Hipódromo, como la de 800 metros, pero las más importantes eran las carreras de bigas y cuadrigas, es decir, carros tirados por dos y cuatro caballos. Como detalle curioso, en las competencias hípicas el vencedor era el dueño del caballo, no el jinete.
Entre las pruebas tradicionales estaba el pentatlón, que tenía por objetivo premiar al atleta más completo. El vencedor era el que obtenía los mejores resultados en lanzamiento de disco, lucha, salto de longitud, carrera y lanzamiento de jabalina.
Los competidores llegaban de todos los rincones del mundo griego aspirando a obtener el codiciado premio: una guirnalda de olivo llamada kotinos y un regreso heroico a su ciudad-estado.
Los campeones olímpicos eran inmortalizados en monedas, estatuas de bronce y odas escritas por los poetas más renombrados, además de recibir exenciones de impuestos y valiosos regalos.
Lo que daba un significado especial a los juegos eran los valores olímpicos de competencia noble y el esfuerzo de combinar el cuerpo, la voluntad y la mente en un todo balanceado.
Después de varios siglos de gran éxito, los Juegos Olímpicos entraron en decadencia, hasta que, durante el Imperio Romano, se desvirtuaron por completo los ideales griegos de una competencia justa y de la búsqueda de la excelencia.
El caso más ridículo fue cuando el emperador Nerón decidió participar en la carrera de cuadrigas y, temerosos de los castigos que recibirían en caso de vencer, los adversarios desistieron. El gobernante de Roma corrió solo y, lógicamente, fue el campeón olímpico.
En el año 391 el emperador Teodosio se convirtió al Cristianismo y decretó el fin de las manifestaciones paganas, como los Juegos Olímpicos, cuya historia de casi 1,200 años llegó a su fin.
Después de ello, Olimpia fue abandonada, destruida y enterrada. La famosa ciudad fue redescubierta por el arqueólogo inglés Richard Chandler en 1776.
Poco más de un siglo después, el alemán Ernest Curtis reveló toda la grandeza de Olimpia. Hoy en día, el sitio alberga a la Academia Olímpica, un centro de estudio del Movimiento Olímpico Internacional.
Algunos historiadores afirman que Curtis, inspirado en sus maravillosos descubrimientos en Olimpia, hizo la sugerencia inicial de revivir los antiguos Juegos Olímpicos, una idea llevada a buen término por el Barón Pierre de Coubertin en 1896.
Fascinado por la educación física, el pedagogo francés Pierre de Fredi, Barón de Coubertin, viajó por diversos países para conocer sus sistemas de enseñanza, con la intención de reformar los métodos pedagógicos de su país por medio del deporte. Al conocer la historia de los Juegos Olímpicos, decidió reeditar el evento.
Después de estudiar las posibilidades y tras varios tropiezos, durante un congreso internacional de sociedades deportivas en la Universidad de la Sorbonne que se llevó a cabo en 1894, logró convencer a representantes de 13 países de que recrear los Juegos Olímpicos de la Antigüedad era un proyecto viable.
Coubertin creó el Comité Olímpico Internacional, usó su imagen y fortuna personal para que los juegos modernos se consolidaran y lideró el Movimiento Olímpico hasta su muerte en 1937.
El Barón quería inaugurar la nueva fase de los Juegos Olímpicos en 1900, aprovechando la Exposición Universal de París, pero como faltaban seis años, decidió hacer una edición previa en Atenas, un homenaje justo a la tierra que había inspirado a los integrantes del Movimiento Olímpico.
Pierre de Coubertin y sus colaboradores sólo tuvieron dos años para organizar todo. El gobierno griego no tenía dinero para las obras necesarias en instalaciones deportivas, por lo que la viabilidad financiera llegó gracias al apoyo privado.
Georgios Averoff, millonario griego, donó el dinero para la renovación del antiguo Estadio Panathinaikon. Los aportes de otros benefactores y la movilización de mucha gente garantizaron el resto de la partida.
En Atenas 1896 participaron 311 atletas, todos varones, de 13 países: Alemania, Australia, Austria, Bulgaria, Chile, Dinamarca, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Grecia, Hungría, Suecia y Suiza.
Compitieron en diez deportes: Pista y Campo, Carrera de Maratón, Natación, Ciclismo, Esgrima, Gimnasia, Tiro, Tenis sobre Césped, Lucha y Levantamiento de Pesas.
La mayor estrella de los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna fue el pastor de ovejas Spyridon Louys, quien sin ningún entrenamiento especial conquistó el oro en la carrera de Maratón, una cuestión de honor para el orgullo griego. El pastor se transformó de inmediato en un héroe nacional y un personaje legendario admirado por todo el mundo.
Con el resurgimiento de los Juegos Olímpicos, se desarrollaron y establecieron nuevos símbolos que hoy en día ya son tradiciones.
El Himno Olímpico fue escrito por el poeta nacional de Grecia Costis Palamas y compuesto por el músico griego Spiros Samaras. Se interpretó por vez primera en los juegos de 1896 y se adoptó como himno oficial en 1958.
El Credo Olímpico también fue introducido en esos primeros juegos. Formulado por Pierre de Coubertin, dice: “Lo más importante en los Juegos Olímpicos no es ganar sino tomar parte, justo como lo más importante en la vida no es el triunfo sino la lucha. lo esencial no es haber conquistado, sino haber peleado bien.”
Fue Coubertin quien ideó la Bandera Olímpica con cinco aros de colores (azul, amarillo, negro, verde y rojo), eslabonados sobre un fondo blanco. Representan la unión de los cinco continentes y el encuentro de los atletas de todo el mundo. Fue usada por primera vez en Amberes 1920.
Durante la Ceremonia Inaugural de cada evento, un atleta del país anfitrión hace el Juramento Olímpico a nombre de todos los competidores. Este gesto de deportivismo fue introducido también durante los Juegos Olímpicos de 1920.
El Juramento Olímpico dice: “En nombre de todos los competidores, prometo que tomaremos parte en estos Juegos Olímpicos respetando y ateniéndonos a las reglas que los gobiernan, en un verdadero espíritu de deportivismo, para la gloria del deporte y el honor de nuestros equipos.”
La Llama Olímpica es uno de los símbolos cuya tradición ha sobrevivido desde los juegos de la antigua Grecia, en los que una llama sagrada, encendida por el Sol, ardía continuamente en el altar de la diosa Hera.
Durante los Juegos de Atenas 1896, un grupo de jóvenes deportistas organizó los primeros relevos de la Antorcha Olímpica, pero la tradición comenzó realmente en los de Berlín 1936.
Como en la Antigüedad, la Antorcha es encendida por el Sol en la vieja ciudad de Olimpia y después pasa de corredor en corredor en una serie de relevos hasta la ciudad anfitriona, donde es usada para encender la Llama Olímpica del estadio principal durante la Ceremonia de Inauguración de los Juegos. Ésta arde hasta que es extinguida en la Ceremonia de Clausura.
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